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10 AÑOS DE TRABAJO. TESTIMONIOS

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Llegué al Museo porque la Dra. Ma- ría Isabel Grañén fue a la casa y nos platicó del proyecto del Museo, don- de se mostrarían textiles de diferen- tes lugares. Nos invitó a conocerlo y nos encargó dos piezas para el acer- vo. Una vez que el Museo abrió, traji- mos las piezas a Ana Paula Fuentes, [directora del MTO en ese momento] y comenzó la relación con todo el equipo. Al principio no imaginaba qué sería un museo textil. Creí que vería piezas como las que siempre he conocido. Después, al llegar y ver las exposiciones, te maravillas ante la cantidad y calidad de textiles que exis- ten más allá de nuestro entorno.

Primero empezamos a traer piezas a la tienda y después comenzamos a dar talleres y a trabajar más de cerca. Con estos talleres se abrieron las puer- tas para que los artesanos diéramos demostraciones y que la gente viera el trabajo y el tiempo que implica el telar de cintura. Con el Museo nos llegaron muchas posibilidades. Se organizó una exposición en Washington y fue la primera vez que tuve la oportunidad de viajar tan lejos para hacer demos- traciones del tejido. Ahí se me quitó el miedo a hablar en público.

Abrir este museo fue algo muy be- néfico para todos nosotros porque se abrieron muchas opciones. Al tener piezas en un museo, éstas se valoran más y se aprecian mejor. Cuando la gente ve nuestras piezas aquí, llegan al pueblo a buscarnos. Sí nos ayuda con las ventas, pero también llegan buscando colaborar y eso nos empuja a innovar, a hacer algo distinto dentro de nuestra tradición. He aprendido a partir de la convivencia con otros ar- tesanos, artistas, diseñadores… Hay más ideas y con ello se abre nuestra visión del arte: no copiando, sino aprendiendo de los demás y aprecian- do todo el trabajo textil.

Faltaba un espacio así en Oaxaca para que nosotros (y quienes nos visi- tan) pudiéramos conocer mejor este mundo. Aquí hay piezas antiguas de Jalieza que yo nunca había visto: las formas, los acabados. Si no hubiera un lugar como éste, yo no podría ha- ber conocido esa parte de la historia de mi comunidad. La lección más grande que me ha enseñado el Mu- seo es compartir. A veces no es tan fá- cil hacerlo en las comunidades, pero aquí compartimos un tesoro. Apren- demos a valorar mejor nuestro tra- bajo, pero también el de los demás. Todo es un hilito…

Abigail Mendoza, Taller Abigail, Santo Tomás Jalieza

En 2008, en una entrega de gusanos, nos dijeron que se acababa de abrir un museo de textiles, iba a haber una tienda y nos invitaban a acercarnos para hablar con la directora. Al terminar el evento, en vez de regresarme al pueblo, me quedé en la ciudad y al otro día fui a la dirección que nos habían dado. Apenas estaban montando la tienda y ahí conocí a Ana Paula.

Al principio creímos que nuestra relación iba a ser sólo la comercializa- ción, pero con el tiempo, nos fuimos acercando más con todo el equipo. Vi- mos que había más oportunidades que nos podían beneficiar. Por ejemplo: sólo hacíamos rebozos, pero conforme nos invitaron a participar en talleres, empezamos a aprender nuevas cosas. Tres, cuatro años después de que abrió el Museo, nos dimos cuenta de que nuestra calidad había mejorado.

Hemos percibido que el Museo es un proyecto con espíritu solida- rio en donde se convive, se charla y se trabaja. Esto hace que se vuelva el complemento perfecto para nosotros, haciéndonos sentir unos verdade- ros artistas. Antes vagábamos de un lugar a otro para ver dónde podían recibir nuestros trabajos. Aquí en el Museo nos podemos dar a conocer, podemos exhibir lo que hacemos y presentarnos, nos hace sentir orgu- llosos. El Museo nos ha ayudado a que nuestro sueño cobre vida, pues cuando iniciamos el trabajo, solo éra- mos cuatro personas; actualmente somos 15 trabajando directamente y aún más personas si contamos a quienes cuidan los árboles de mora o a quienes recolectan el pericón para teñir. Ahora podemos decir que nuestra vida económica depende ple- namente del textil de seda.

Asimismo, comprendemos que es importante entender, saber escuchar, interpretar y compartir los conoci- mientos con los demás artesanos y diseñadores, en los diferentes talleres y exposiciones que el museo ha com- partido con nosotros, por lo que lo consideramos como una escuela de intercambios de saberes. Estos cursos nos invitan a aprender y a poner en práctica los conocimientos adquiridos.

Moisés Martínez, Taller familiar Wen do sed, San Pedro Cajonos.

Llegamos al Museo mientras buscábamos en Google un lugar dónde ofrecer nuestros trabajos. Entramos a la página del Museo y vimos que había una sección de “Enlace Comunitario”; les enviamos un correo presentándonos y preguntando cómo podíamos participar. Tiempo después comenzamos a traer nuestros borda dos; antes de eso, no nos dedicábamos a vender. Nuestra mamá nos decía que por qué no vendíamos los bordados y nos animaba a que fué- ramos a algunas tiendas en Oaxaca, pero no nos gustaba que en esos luga- res no se explicaba de dónde venía el trabajo ni quién lo había hecho. No- sotras no queríamos eso: queríamos que estuviera el nombre de nuestro pueblo, el nuestro, y que nos pagaran un precio justo. Esto lo encontramos en el Museo.

Al principio sólo bordábamos ar- dillas y alacranes. Al conocer lo que hay en el acervo del Museo, vimos que hay mucho más. No sabíamos que existía un lugar donde se guarda- ban piezas antiguas. También hemos aprendido de calidad en el trabajo. Antes usábamos estambre porque como no despinta, creíamos que eso era de calidad. Después empezamos a usar algodón, telas de color y co- menzamos a experimentar. Nos gus- ta; ahora queremos más y más, como usar seda. También queríamos cam- biar lo típico y hacerlo un poco más moderno. El Museo nos ayudó con los talleres para mejorar la calidad de nuestro trabajo y aprendimos con las conferencias que se dan. Con su apo- yo participamos en una expo-venta a muy poco tiempo de habernos co- nocido; no teníamos muchas cosas, pero decidimos aventarnos y tomar la oportunidad. Fue una gran experien- cia, pues nos dimos a conocer.

El Museo nos ha enseñado a trabajar en equipo: nos ayudamos entre todas y sacamos más cosas; hemos llevado a nuestro pueblo lo que aprendemos y vemos aquí. En el Museo vemos cómo cada quien tiene su labor, se coordinan y todo sale adelante. Si nosotras trabajamos igual, también podemos hacer más cosas. Éste es un espacio de aprendizaje, donde vamos creciendo y nos vamos desarrollando, pues el Museo nos da las herramientas y nos motiva a usar nuestras habilidades y talentos, talen- tos que a veces no sabemos que ya traemos dentro. En los talleres pode- mos experimentar y hacer lo que nos gusta y apasiona. Si no existiera este espacio, ¿cuántos talentos estarían sin conocerse, cuántas vidas no se cambiarían? Aquí nos escuchan, nos ponen atención y valoran nuestro tra- bajo. En nuestro proyecto actual, es- tamos trabajando duro; no sabemos cuáles van a ser los resultados, pero ya no tenemos miedo.

Magdalena y Susana Santiago, bordadoras, El Tapanco

Ya me habían comentado algunas personas que se iba a hacer un museo textil. En 2009 que llegué a Oaxaca, me empecé a acercar al museo, con Ana Paula Fuentes. Para mí, el Mu- seo es un espacio educativo donde he aprendido a valorar el textil; es como una escuela porque es un acercamien- to muy serio, me ha permitido venir a aprender y a darle sentido a mi iden- tidad. Antes veía a los textiles como mero comercio, luego empecé a com- prenderlos de manera más profunda. ¿Qué nos dice un huipil? Ahí está la identidad de cada mujer, de nuestra cultura. En el Museo podemos ver que hay algo más en los textiles y creo que es un espacio que debió de haber existido desde hace mucho tiempo.

El Museo me ha enriquecido espiritualmente, pero no me he guardado este aprendizaje para mí: lo llevo a mi comunidad. Cuando he visto los huipiles del acervo, me llevo fotos para mostrarlas a la gente de San Pedro, pues el conocimiento y los pensamientos de las gentes de antes, está ahí, siguen vivos en esos huipiles. También he aprendido sobre otras cosas, como el añil, el caracol y la cochinilla. Existen las palabras en nuestra lengua, pero sólo las usan las personas mayores, son recuerdos de cuando eran niños; los niños de hoy, en cambio, ya no conocen qué representan estas palabras. Aquí he aprendido sobre estos tintes y el sentido que tienen; todo lo que veo en el Museo me ha motivado a buscar más, a investigar más sobre mi cultura.

Estos diez años han sido muy nutritivos y me siento orgulloso de mi identidad. El Museo Textil de Oaxaca es muy importante y necesario para la conservación de los textiles: podemos venir a expresarnos y a compartir.

Odilón Merino, tejedor y promotor cultural, San Pedro Amuzgos.

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