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EL RITUAL DE LOS SUEÑOS

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Por rio Gutiérrez

En la cosmovisión de los pueblos zapotecas, el petate es un elemento muy importante de la cotidianidad. Al momento de iniciar la labor del cardado de lana, éste se extiende sobre el suelo asumiendo el papel de refugio, al igual que en la preparación de los sagrados alimentos en donde la mujer se arrodilla sobre el mismo, haciendo alusión a una reverencia ante el metate.

Existen rituales importantes en los que la vida y la muerte se encuentran ligados a este elemento. El momento de llegar a la vida surge sobre el petate, el cual, posteriormente, será el lugar en donde se producen los sueños. Al culminar el ciclo de la vida, se da paso a la muerte, a la reencarnación. Anteriormente, se envolvía a los muertos en un petate antes de ir a la tumba.

En las prácticas ceremoniales que se ejecutan hoy en día, el petate también está presente. En las bodas, por ejemplo, los novios se hincan en el altar sobre un petate para recibir la bendición de las mujeres y hombres que han pasado por este proceso.

Yo practico estos rituales desde el momento en que nací. Parte de mi infancia se desarrolló en torno al petate, sobre el que, llegada la hora de dormir, mis sueños se extendían mientras me cobijaba con el tapete de lana que mi padre había tejido. Al amanecer los recogía, y entre ellos mis sueños quedaban envueltos para esperar la noche a que se repitiera “el ritual de los sueños”. La oportunidad de que mis sueños y mi piel se fundieran con la palma del petate dio lugar a un nuevo espacio de entendimiento y de expresión.

Mientras que la vida y la muerte sigan su ciclo, el petate seguirá siendo cuna, práctica ceremonial, descanso interno y ritual de los sueños para los zapotecos.

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