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ARTESANÍA, DISEÑO Y SUS ANDARES

16Diego Morales Toledo

El Laboratorio de Diseño nace en Andares como una herramienta para transformar los resultados y la información que la tienda comienza a generar en proyectos tangibles. Información sobre la gente que aprecia el arte popular, que encuentra en estas técnicas y formas un pretexto para que los acompañe, pero también sobre inquietudes generales acerca de un siguiente paso: una construcción más orgánica, respetuosa y consciente para fundir dos mundos que no son desconocidos entre sí, pero que pensamos pueden convivir de maneras distintas.

De ahí nace la idea de generar productos que sean el resultado de la mezcla consciente de los significados y la técnica del artesano, los procesos y definiciones de un diseñador, y además de los objetivos y principios de Andares. Son productos para un contexto y rutinas cotidianas, que no pretenden alejarse de la artesanía, pero que queremos encajar en los espacios de hoy. Para esa discusión es que el Laboratorio de Diseño ofrece algunas respuestas. Para tratar de conjugar de manera responsable estos dos círculos y disciplinas.

Sabemos que existen muchas metodologías, ejemplos e iniciativas que proponen y responden a esta situación, pero este laboratorio nace en otras circunstancias, quizá para el mismo propósito, pero para llegar a él con experiencias nuevas y tomando diferentes rutas, pues las inquietudes nacen de la curiosidad, los comentarios y las necesidades despejadas ya para un objetivo localizado.

En el Laboratorio de Diseño tenemos como objetivo principal la comercialización de productos, que es una de las primeras soluciones que se dan cuando se cuestiona cómo apoyar a los artesanos oaxaqueños. Es, en definitiva, lo que acompañará a cada decisión de estos productos; sus colores, su textura, su forma, deben ser justificados, desde las dos perspectivas (artesano y laboratorio), hacia la materialización de estos proyectos. Durante uno de los primeros ejercicios, y tratando de evaluar las experiencias de un artesano con diseñadores, nos dimos cuenta de que aún siguen pesando más las palabras del diseñador en esta relación. El artesano se convierte, entonces, en eso que queremos evitar: un operador de las decisiones de un diseñador, un maquilador con técnicas milenarias, a quien se le exigen niveles de calidad o especificaciones complejas pero a quien no se le capacita ni se le hace saber por qué estas variables le cuestan ventas o significados al producto. Queremos creer que en la mayoría de estas relaciones las intenciones no son ésas, pero creemos que para poder tener una colaboración más orgánica y saludable el artesano debe conocer el quehacer del diseñador, y el diseñador sumirse en la delicadeza de las técnicas que por algo han estado ahí colándose durante generaciones.
Es ahí en donde nace quizá el primero de muchos lineamientos que regirán estas colaboraciones: un artesano no deberá esperar la aprobación de un diseñador o cumplir expectativas. Debe existir una construcción organizada de los proyectos, participando cada uno con sus conocimientos para que el producto resulte entonces una mezcla con las proporciones y características deseadas y que convenzan por igual a los creadores.

Así pues, comienza a construirse este camino que será difícil de recorrer, pero que servirá a un objetivo principal: generar discusiones donde logremos construir nuevos andares para las colaboraciones.

 

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