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CASA VIVIANA, CERERÍA TRADICIONAL

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En la ciudad de Oaxaca se le conoce como cera escamada. En Teotitlán del Valle se les denomina velas de concha.

Lorena De la Piedra Ordaz

La Tierra de Dioses guarda, entre el textil, las grecas y hermosos paisajes, un taller familiar que abastece a Teotitlán del Valle del ingrediente más atractivo en la ceremonia tradicional llamada
la pedida de mano: “Es un ritual zapoteco, donde la familia del novio va a casa de la familia de la novia para pedir permiso de casarse con ella. En esta ceremonia, la familia del novio debe llevar fruta, flores, pan y velas de concha”, comenta José Hernández, originario de esta comunidad rica en tradiciones y costumbres y el representante de Casa Viviana, en donde se elaboran velas de cera y parafina policromada, modelada y escamada.

La celebración de las festividades religiosas, populares y de unión familiar son parte importante de los pueblos; con ellas se crea cohesión e identidad. José ha invitado a que los jóvenes aprendan a elaborar este trabajo y asegura: “Somos casi ocho familias las que hacemos este trabajo en el pueblo. La base de nuestro trabajo es la tradición de pedir a la novia, la mayordomía y también para decorar la iglesia”.

En la ciudad de Oaxaca se le conoce como cera escamada. En Teotitlán del Valle se les denomina velas de concha. Don José recuerda que su abuela contaba que las velas llevaban cera en forma de conchas, por ello el nombre. Después se introdujeron moldes de madera —que hasta hoy se siguen usando— para hacer más figuras.

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“Somos casi ocho familias las que hacemos este trabajo en el pueblo. La base de nuestro trabajo es la tradición de pedir a la novia, la mayordomía y también para decorar la iglesia”.

La vela es un elemento efímero que se consume con el fuego, pero que hace que prevalezca la tradición. Toma más de una semana elaborar una vela tradicional que mide más de un metro de largo y se dice que entre más elaboradas, más representativas del amor del novio a la novia. Para José, el sentimiento es general: “Si por alguna razón no cuadran las combinaciones o el sentimiento con el trabajo, entonces no queda bien y se debe deshacer porque tiene que quedar bien, para que la gente lo sienta”. José siempre está buscando retos en su trabajo para crear piezas diferentes. En el año 2012 formó parte de los proyectos de colaboración del Centro de Diseño de Oaxaca entre diseñadores y artesanos oaxaqueños. En aquella experiencia José asumió el reto de crear una nueva paleta de colores para la cera, nuevos tamaños y formas para las velas.

“Somos un equipo de artesanos que tratamos de renovar, de sembrar la semilla de innovación entre nosotros para que sigamos haciendo cosas diferentes en nuestro taller. El sueño es que nos vaya bien a todos y por eso buscamos cómo comercializar las piezas que se elaboraron para una exposición”. Concluye, invitando a los interesados a visitar su taller, donde se podrá apreciar el proceso de elaboración de uno de los artículos de mayor importancia para el pueblo mexicano, que simboliza luz, guía y esperanza.

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