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UNA BRISA QUE VINO DEL MAR

Eva Romero / Nicholas Johnson

Brisa es su nombre, es tejedora, descendiente de una estirpe de maestras tejedoras, innovadoras, de audaces diseños, combinaciones, complicaciones técnicas, figuras y representaciones. Brisa tiene cuatro años de edad, aún no hace diseños, pero empieza a experimentar con colores. Mientras su abuela imparte un taller de tejido con contorno curvo en telar de cintura, Brisa llega de la mano de su abuelo, pues aún no se anima a subir solita por las escaleras que llevan al acervo del Museo Textil de Oaxaca. Brisa viene a ofertarnos su segunda pieza textil, es un telar tan pequeño como ella. En él ha incluido sus colores favoritos, sobre todo el verde, elaborado con los hilos sobrantes de los tejidos de su mamá, abuela y abuelo. Tan joven como es, con sus gustos infantiles caricaturizados en su playera y sus pantuflas color rosa, discute el precio a pedir con su abuelo. Lo discuten en ombeayiüts, lengua nativa de Brisa. Su abuelo le insiste que es su telar, que pida lo que ella crea justo, como otras veces que ha vendido conchas y caparazones de tortuga en San Mateo del Mar, su hogar. Una vez meditado el precio, se acerca tímidamente a pedir lo que ella cree es el valor de dos meses de trabajo.

brisa

Brisa es su nombre, es tejedora, descendiente de una estirpe de maestras tejedoras, innovadoras, de audaces diseños, combinaciones, complicaciones técnicas, figuras y representaciones.

El siguiente reto que desea afrontar en el telar es un tejido en forma de corazón, que llevará, por supuesto, su color favorito, aunque está abierta a experimentar con otros colores.

Su sencillo pero importante trabajo es el tejido que ha hecho la persona más joven cuyo trabajo se encuentra representado en el acervo del MTO y compartirá su existencia con otros ejemplos maestros de manos de tres, posiblemente cuatro, generaciones de su familia. Salvo Brisa, el resto de sus familiares aprendió a tejer con su bisabuela, la maestra tejedora Justina Oviedo Rangel. Aprendieron de Justina que si es posible hacer lienzos rectangulares, existía la posibilidad de hacerlos circulares. De igual modo, recibieron una valiosa lección sobre la importancia del telar : además de crear arte en él, es una fuente importante de ingreso. Justina les enseñó que en tiempos difíciles pueden recurrir a conocimientos familiares para ser autosuficientes. Aunque no aprendió a tejer con su bisabuela, ya se vislumbra en Brisa el carácter inteligente, creativo y juguetón que recuerdan todos los que conocieron a doña Justina, quien aún guía el camino de su familia a través de los sueños, donde hace sus recomendaciones y les recuerda que vuelvan siempre a lo aprendido, que eso nunca los abandonará.

Al siguiente día invitamos a Brisa a volver al acervo del MTO para enseñarle un telar chinanteco y la manera como se resguarda. Usando guantes de algodón, manipulamos el telar para enseñarle cómo cada elemento quedaba asegurado en una cama hecha a la medida donde todo embona a la perfección; donde cada palo se mantiene en su lugar, justo en la misma forma en que quedará guardado su telar. Brisa no hace preguntas, espera pacientemente y escucha la explicación dada, queda maravillada por el cuidado y el respeto que se le prodigan siempre a las piezas excepcionales, como lo son todas con sus diferentes procedencias, años, formatos e historias. Sus ojos risueños se abren al ver el esmero que recibe su telar para su conservación. Sabe que aquí estará muy bien cuidado y esperamos que ésta sea una impronta difícil de olvidar, que recuerde siempre que lo que hace y lo que hará será admirado y valorado, que aquello que hace de manera natural y sencilla en verdad contiene una complejidad artística que requiere disciplina, destreza y, sobre todo, amor.

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