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REMEMBRANZAS DE DICIEMBRE

SL

Ana María Quintana

En fechas decembrinas se siente un aire frío con un aroma a pascle. Los lectores voluntarios esperamos emocionados esas fechas, porque festejamos con una posada en la compañía de familiares, amigos y seres queridos. Año con año, el Centro Cultural San Pablo organiza nuestra posada literaria. En esta ocasión fui invitada para la elaboración de la piñata del equipo, con la
cual participamos en el concurso convocado por la familia Harp Grañén.

Discutimos largo y tendido sobre el diseño de nuestra piñata, y llegamos a la conclusión de que El Principito sobre un cráter sería nuestro personaje. Hicimos un buen trabajo en equipo: lista de materiales, compras, distribución de tareas, etcétera, y ¡manos a la obra! Respectivo mandil y la faena inició: preparar el engrudo, recortar papel, empapelar el globo… Trabajamos varios días comentando ideas entre café y empanadas, hasta que obtuvimos la piñata de forma rústica; al final, pintura y detalles. Nuestro piloto estaba listo y guapo.

Todos juntos, en la posada que organizó la FAHHO para sus trabajadores, bien abrigados por si el frío quería espantarnos, las emociones eran diversas: mezcla de alegría, nervios y preocupación. Creo que lo de menos era ganar o perder: habíamos ganado aprendiendo juntos el arte de elaborar piñatas entre amigos. Los concursantes nos saludamos deseándonos las mejores vibras. Los jueces comenzaron a calificar cada piñata. La verdad es que todas tenían su encanto, pero “panadero habla mal de su pan”, porque el Principito me había robado el corazón. Finalmente ganaron otras
piñatas. Nos queda la esperanza de seguir participando y tal vez ganar el próximo año.

Una semana después, el programa Seguimos Leyendo nos invitó a la tradicional posada literaria. Tuvimos una hermosa bienvenida al iniciar el convivio. Conforme íbamos entrando nos obsequiaron un libro y un disco con las voces de algunos compañeros lectores compartiendo en la novela de Fahrenheit 451 y las cinco temporadas de la serie Cazacuentos. Tuvimos la gracia de que nos acompañara nuestra piñata de El principito. Verlo en persona causó gran revuelo, ya que en las redes sociales ya era famoso; los que acudimos no dejábamos de tomarnos fotos personales y grupales. Esa noche hubo lecturas en voz alta de historias relacionadas con la Navidad y los buenos
deseos. Antes de retirarnos nos invitaron deliciosos tamales y ponche, aunque las risas y emociones de mis compañeros fueron el mejor regalo de Navidad.

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