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LA REAPARICIÓN DE UN VALIOSO DOCUMENTO DE LA SIERRA MAZATECA

Lienzo de Ayautla. Wigberto Jiménez Moreno, 1936. El último acto de generosidad de Rafael Tovar fue comprar el lienzo para Oaxaca. El 3 de marzo María Cristina García Cepeda, secretaria de Cultura, lo entregará al Archivo Histórico de Oaxaca.

Lienzo de Ayautla. Wigberto Jiménez Moreno, 1936. El último acto de generosidad de Rafael Tovar fue comprar el lienzo para Oaxaca. El 3 de marzo María Cristina García Cepeda, secretaria de Cultura, lo entregará al Archivo Histórico de Oaxaca.

Sebastián van Doersburg / Patricia Pineda Rodríguez

Cada códice o lienzo ilumina episodios de la larga y rica historia de las comunidades indígenas de México, al tiempo que invita al estudio de técnicas ancestrales para contar historias. Usando la pictografía (sistema de comunicación desarrollado en los tres siglos anteriores a la Conquista) los pintores especializados plasmaron los principales hechos históricos en libros de piel o sobre telas de algodón, arte que perduró durante varias décadas después de la Conquista.

Lo que hoy es el estado de Oaxaca fue en aquel entonces uno de los centros de producción de estos bellos y complejos documentos. Varios lienzos —unos 40— aún se conservan en las comunidades mixtecas, chocholtecas, zapotecas y vecinas. Otros salieron durante los siglos XIX y XX para integrarse a las colecciones públicas y privadas. El Lienzo de Ayautla procede de la comunidad de San Bartolomé Ayautla, ubicada en la Sierra Mazateca, pero llegó a manos particulares a inicios del siglo XX.

El célebre historiador Wigberto Jiménez Moreno vio y fotografió el documento el 29 de octubre de 1936 en casa de las señoritas Bustamante, que vivían en la calle de Guanajuato 143 de la colonia Roma y eran hijas de Luis Enrique Bustamante, el propietario del Pabellón Nacional, tienda ubicada en el Portal de Clavería de Oaxaca a inicios del siglo XX. Sin embargo, hasta el 5 de octubre del año en curso se ignoraban estos detalles y sólo se conocía la fotografía conservada en los archivos del INAH. Nadie sabía dónde estaba el original. Aquel día, atendiendo una llamada del editor de libros Miguel Ángel Porrúa, personal de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova acudió a Coyoacán, a la casa del conocido grabador y escultor Lorenzo Rafael, nieto de Luis Bustamante, para apreciar el documento original conservado cuidadosamente a través de los años. Allí supimos, además, que las “señoritas Bustamante” eran Manuela (como escritora conocida bajo su seudónimo Patricia Cox) y María Luisa. Siguiendo esta feliz noticia de la reaparición del lienzo después de 80 años, Lorenzo Rafael y su esposa Stephanie Counihan accedieron a vender el lienzo a la Secretaría de Cultura para ser entregado al Archivo Histórico del Estado de Oaxaca.

El actual pueblo de San Bartolomé Ayautla está ubicado en las empinadas laderas del Río de Quiotepec, que atraviesa la sierra y drena la Cañada de Cuicatlán hacia el Golfo de México. Cada madrugada, una magnífica vista se abre sobre el gran cañón del río. Al despertarse la vida cotidiana, se escucha la melodiosa lengua mazateca en sus calles y casas. Aquí y allá, algunas mujeres aún se dedican al hilado y tejido del algodón para sus hermosos huipiles.

Aquí, hace más de tres siglos, un pintor trazó sus dibujos sobre el lienzo para dejar constancia de los gobernantes que habían regido la comunidad. La investigación de este documento permite profundizar en los aspectos históricos de la sociedad y la política de las comunidades de la zona Mazateca del estado de Oaxaca. En este lienzo histórico están representadas escenas que guardan la memoria de importantes acontecimientos. Su tema principal parece ser la transformación del señorío prehispánico al gobierno del estilo novohispano.

Como personajes principales se representan a los caciques don Andrés y don Miguel de Mendoza sentados uno frente al otro. Sobre los mismos hay una leyenda en lengua nahuatl que se traduce como “a los dos caciques los hizo alcaldes, a don Andrés y a don Miguel de Mendoza”.

Este documento contiene también una genealógía de gobernantes representada como una serie de personas entrelazadas por una cuerda que va serpenteando y que pasa por las manos de las figuras. La cuerda representa el tlacamecayotl, o “mecate humano”, término con que se designa a la genealogía en lengua náhuatl. La línea genealógica se desprende de la parte superior del lienzo y parte de un hombre desnudo sentado frente a una mujer semiacostada, probablemente los fundadores del linaje.

En el centro del lienzo está representada una serie de nombres en lengua mazateca que sin duda refieren a los integrantes de la dinastía pintada. Los dos alcaldes son el remate de la descendencia. Ellos llevan nombres españoles adquiridos en el bautismo y lucen ya la indumentaria española en señal de su afiliación al nuevo poder. A sus lados se pintaron siete guerreros empeñados en una pelea que portan escudo y espada en mano. Desconocemos la temporalidad de esta escena, si tiene que ver con la fundación de la comunidad o con algún conflicto posterior.

Bajo las figuras de los alcaldes se ve un río que corre paralelo a la orilla inferior del lienzo. Tiene un letrero que dice atengo quiotepetl, “río de Quiotepec”, nombre del río que atraviesa la Sierra Mazateca y se convierte en el Papaloapan al salir de la sierra. Otro río nace en el lado derecho del lienzo y baja para juntarse con el río grande. En el nacimiento de este río se ve dibujada una montaña y próxima a ella una iglesia sobre la cual está el nombre de Ayauhtla.

En la parte central superior del lienzo se pintó lo que parecen ser unas terrazas con muros de piedra. De tres manantiales se desprende una corriente de agua que corre cuesta abajo hacia el Río de Quiotepec. Probablemente se trata de tierras de los gobernantes del pueblo. Notemos que la pareja de fundadores se encuentra sobre el muro superior. Los árboles frutales y ornamentales pintados en distintos espacios representan quizás las propiedades de los gobernantes. Finalmente, vemos un camino que va de la parte media de la orilla derecha, pasando por el centro, hasta el ángulo superior izquierdo. Es la vereda que se convirtió en la carretera Jalapa de Díaz-Huautla.

Hay en este lienzo leyendas en mazateco y náhuatl, y algunas que corresponden a la lengua española —un trilingüismo propio de la época en que fue confeccionado y de la zona de Oaxaca de donde procede— que explican las pinturas, como la principal encima de la iglesia que, traducida del nahuatl, reza: “el año de 1677 [desde] que nació dios. El Señor San Bartolomé, no hay llanura allí, tan solo peñascos y cuevas”. Este año indica que el lienzo probablemente es copia de un original de mediados del siglo XVI.

Cada códice o lienzo es una ventana que asoma al pasado, una oportunidad que propicia investigaciones, un testimonio para ser descifrado. El Lienzo de Ayautla es una fuente invaluable para acercarse a la cosmovisión de los pueblos antiguos de México a través de la pictografía que revela lo mismo mitos fundadores que episodios de guerra, formas de gobierno y percepción del territorio.

Había una vez una historia hecha a mano sobre manta de algodón. Bienvenidos a descubrirla.

 

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