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SUMA DE VOLUNTADES: VOLUNTARIADO MUFI

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Eduardo Barajas

Los cinco dedos separados son cinco
unidades independientes.
Ciérralos y el puño multiplica la
fuerza. Ésta es la organización.
James Cash Penney

Sería importante comenzar este breve artículo con una pregunta: ¿museos para quién?, ¿para objetos o personas? Actualmente, la evolución de los museos es una de las grandes cuestiones que nos invita a reflexionar acerca de nuestra tarea en el museo y los vínculos que se crean con la comunidad, tal como lo es la comunidad universitaria: jóvenes en proceso de formación y enriquecimiento profesional. Los museos, en general, pueden considerase espacios de experiencias enriquecedoras de aprendizaje y socialización y, por lo mismo, constituyen recursos educativos muy
valiosos.

¿Qué es lo que aporta nuestro museo a los jóvenes que realizan sus prácticas profesionales o servicio social? Más que contestar a esta pregunta me gustaría compartir la experiencia que por más de 18 años el MUFI ha logrado: crear una familia que convive y se reúne para intercambiar experiencias y fortalecer lazos que los hacen pertenecer. Trabajar de la mano con jóvenes aumenta nuestras posibilidades para crear programas dirigidos a ellos, escucharlos y que compartan sus experiencias. Es una bocanada de aire fresco para la creación de nuevos formatos de comunicación, contenidos vivos y actualizados que se convierten en ámbitos de participación juvenil por medio de nuevas plataformas. No es convertir al museo forzosamente en un centro de aprendizaje o que todo el que nos visite tenga la necesidad primordial sea la de aprender.

Existe también la necesidad de participación y colaboración de los visitantes en la construcción del conocimiento; que sean tomados en cuenta; generar experiencias y saber qué se llevan de nosotros; que tomen la iniciativa para generar y crear propuestas de las que se beneficien.

Sabemos que las experiencias nuevas generan “mochila para la vida”, como solía decir un maestro en mi época universitaria. Podría mencionar muchos nombres, pero sería injusto dejar a alguien fuera: chicos que se han acercado al MUFI y que después de cumplir su periodo regresan ya no como estudiantes, sino como parte de la familia, es un gusto enorme encontrarlos en las exposiciones, talleres o actividades especiales, jóvenes que desde la secundaria hasta la universidad han elegido continuar en este espacio. Ellos son piezas fundamentales y parte de un gran equipo del que nos sentimos orgullosos. Muchos talentos, nuevos abogados, administradores, educadores, arquitectos, diseñadores y hasta chefs han convergido para enriquecer nuestros programas y sin duda serán grandes seres humanos y profesionales.

Ellos nos han enseñado el camino para brindarles las mejores herramientas posibles; hemos logrado ser un equipo donde al final del día no terminan siendo practicantes o prestadores de servicio social, sino voluntariado, que de manera altruista y solidaria ayudan a crear un museo vivo. A manera de ejemplo cito, para finalizar, a Estefanía Aguilar, estudiante de Lenguas Modernas e Interculturalidad, Universidad La Salle Oaxaca: “Mi experiencia en el MUFI ha sido muy satisfactoria, he aprendido muchas cosas nuevas y me he relacionado con personas maravillosas, sin duda he adquirido nuevas habilidades y desarrollado muchas otras. Para mi, el MUFI no sólo se trata de filatelia, si no de una forma de convivencia y trabajo en conjunto que da un bonito resultado que puede verse fácilmente”.

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