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ADIÓS, RAFAEL

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María Isabel Grañén Porrúa

El pasado mes de diciembre estábamos en el cierre de edición del Boletín FAHHO cuando nos enteramos del fallecimiento del secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa. Ver partir a un amigo siempre es doloroso, sobre todo si se tenían planes y proyectos con él. En la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca lamentamos profundamente su partida.

Rafael era un hombre inteligente, sus conversaciones siempre eran muy agradables; nos sorprendía su memoria privilegiada. Una noche comentamos que queríamos conocer Budapest porque los libros de Sándor Márai nos habían invitado. Entonces citó de memoria las calles, los cafés y las librerías que el escritor húngaro describe en sus novelas. Nos recomendó algunos baños de aguas termales, el zoológico; describió la casa del escritor y hasta nos dio el nombre de la persona que podía abrir la puerta.

Conocimos su compromiso con Oaxaca desde la restauración del exconvento de Santo Domingo, que inició en enero de 1994. Era su primer periodo como presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y cada mes se reunía con el entonces gobernador, Diódoro Carrasco, y con Alfredo Harp para ver los avances del proyecto. Para Rafael, la sinergia entre el gobierno federal, el estatal y la sociedad civil (en este caso Banamex y Pro Oax) era un modelo que debía repetirse para la gestión cultural de la nación. Siempre hablaba de la extraordinaria experiencia que fue Santo Domingo. Desde entonces, decidimos unir fuerzas por el bien de Oaxaca. Juntos encontramos la mecánica para realizar múltiples proyectos culturales y concluirlos exitosamente.

En 2002, Alfredo y yo tuvimos el privilegio de que Rafael nos recibiera en Roma cuando él era embajador de México en Italia. Nos dio excelentes recomendaciones para organizar nuestros días en la capital italiana. Aquél 1º de mayo, el día del trabajo, en el que nadie trabaja en Italia, Rafael se ofreció personalmente a pasearnos. Nos llevó a la iglesia de Santa Sabina, una de las basílicas más antiguas de Roma; después nos llevó a San Clemente y nos dio un erudito recorrido sobre aquella iglesia construida sobre un antiguo templo y una casa romana. Nos invitó a comer a su casa, llena de libros y obras de arte. La conversación era tan agradable que por un momento olvidé que el pequeño Santiago, de dos años, caminaba a sus anchas y descubría los rincones. De repente, me di cuenta de que estaba en la sala y escuchamos el ruido de un cristal que se rompía. Me paré instantáneamente, pensé en los miles de adornos de la casa. Rafael ni se inmutó, ni siquiera se levantó a ver qué se había roto. Afortunadamente fue un vaso con agua. Lo limpiaron,
y, como si nada hubiera pasado, continuó la plática y la tarde.

Rafael estaba contento en Italia, su vida con Mariana García Bárcena estaba llena de armonía. Tenía tiempo para trabajar, leer, estudiar y escribir, pero le faltaba algo: él nació con la vocación de servir a México a través de la cultura. A su regreso, cumplió su misión, y continuó realizando contribuciones a la vida cultural mexicana.

Impulsó la creación de instituciones y programas que serán su legado para los mexicanos, entre ellas el Centro Nacional de las Artes, el Sistema Nacional de Creadores de Arte, el Centro de la Imagen, el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural en los Estados, el programa Alas y Raíces y la Secretaría de Cultura.  En nuestro estado apoyó la consolidación de las instituciones creadas por la iniciativa del maestro Francisco Toledo, como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes; el Centro Fotográfico Manuel Álvarez
Bravo a través del Centro de la Imagen; la creación del Centro de las Artes de San Agustín y, recientemente, entusiasta de la creación del Archivo Histórico del Estado de Oaxaca, apoyó con la restauración de planos y documentos. Su vida estuvo dedicada a la construcción de un México mejor.

Culto e interesado en la historia y el arte, Rafael Tovar supo entender a profundidad los proyectos que le presentábamos, y encontraba siempre la forma de apoyarlos. Cada vez que nos encontraba, nos decía: “ustedes sí son de a de veras, nadie ayuda a México con esa generosidad y discreción”. Y cuando comentábamos sobre algún proyecto, decía: “con ustedes lo que quieran, sí, vamos”. Y así fue siempre. Recuerdo cuando le llamé sobre la importancia de adquirir para México el Códice Chimalpahin. De inmediato hizo las gestiones para que este importante documento quedara en nuestro país. Su último gesto de generosidad con Oaxaca fue cuando decidió adquirir el Lienzo de Ayautla para ser entregado como regalo a Oaxaca por parte del gobierno federal el día de la inauguración del Archivo Histórico de Oaxaca. Lamentablemente, un día antes llamó para disculparse y no pudo acompañarnos. Quedó pendiente la entrega, pero su recuerdo sigue vivo entre nosotros.

Como lo mencionó su gran amigo, el músico Carlos Prieto, en su homenaje luctuoso: “Rafael Tovar fue un ejemplar y autentico servidor público”, y fue también un extraordinario ser humano. ¡Lo vamos a extrañar!

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