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EPIDEMIA EN LA PALMA DATILERA

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Javier Elizondo

La palma datilera (Phoenix dactylifera) llegó a Oaxaca hace casi cien años. Por toda la ciudad deja caer su sombra y ya es un elemento emblemático del entrañable horizonte que ofrece esta ciudad. Sin embargo, desde hace un tiempo —difícil decir cuánto, exactamente— estas palmeras tienen un huésped poco distinguido y bastante doloroso: el rhynchophorus palmarum, mejor conocido como picudo negro o gorgojo cigarrón. Este bicho del color del fierro negro mide, adulto, entre 26 y 53 milímetros, y tiene el apetito y la fuerza de un taladro de un taladro industrial. Sólo imaginar lo que le hace a las palmeras es sombrío: los huecos que cava en su tronco son sufi cientes para enfermarlas y matarlas en poco tiempo.

En mayo de este año, el Programa de Reforestación Urbana del Departamento de Ecología de la FAHHO decidió declararle la guerra al picudo negro y recuperar, en la medida de lo posible, la salud de las palmeras datileras de la ciudad de Oaxaca. Con la asesoría de biólogos y arboristas certificados se lanzó la ofensiva: 50 trampas contra picudos negros en la primera etapa y 50 para la segunda, que comienza este mes. Las trampas consisten de un insecticida y una feromona que ahuyenta al insecto. Además, se aplicó un hongo —beauveria bassiana— que ha sido utilizado para el control biológico de insectos y, quizás, podría ayudar a derrotar a esta plaga. Pronto sabremos si nuestras palmeras están libres de fauna indeseable y en camino a la recuperación. Si no, que no quepa duda, los esfuerzos continuarán hasta que se haya logrado este objetivo.

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