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EL ÓRGANO TUBULAR VUELVE A JALATLACO

organojalatlaco

Ruth García-Lago

El 16 de julio de 1866, el organero oaxaqueño Pedro Nibra (1832-después de 1908) entregó al templo de San Matías Jalatlaco un órgano por el que el padre José María Magro le había pagado 700 pesos de entonces. Pedro Nibra, considerado uno de los principales y más activos organeros de la época, creó varios de estos instrumentos en este estado, en los que dejó su firma —PN—. Desde 1866 hasta los años setenta del siglo XX el órgano de Jalatlaco puso la música en las misas de esa iglesia. Pero durante más de 40 años el órgano estuvo sin usarse. El Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca, que ha trabajado en Jalatlaco desde 2001 realizando visitas para conservar el órgano, consiguió —gracias al párroco Francisco Reyes Ochoa y al Comité Pro-Restauración del Órgano del Barrio de Jalatlaco y a la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca— que se materializara el sueño de restaurarlo. Así, en diciembre del 2015 comenzó la restauración de este instrumento tubular.

Dos etapas tuvo la restauración de este órgano. La primera consistió en la reparación de la caja, supervisada por el restaurador Alberto Compiani y la empresa Usanza del oaxaqueño Eric González Castellanos. La segunda parte, la parte mecánica-sonora, estuvo a cargo del Taller Gerhard Grenzing (Barcelona, España). Dirigida por Andreas Fuchs, la reparación interna del órgano de Jalatlaco contó con el trabajo de varias personas (André Lacroix, David José Antonio Reyes, José Luis Acebedo, Arnau Plana y Antonio Castro), cada una especializada en una parte del instrumento musical.

Fuchs nos cuenta este proceso, en el que “hemos vaciado primero todo, todos los elementos de dentro y se han almacenado y después hemos restaurado pieza por pieza. Hemos empezado por lo más grave o grande, el fuelle y el secreto. En el fuelle había mucha carcoma, mucha polilla y casi  40% de la madera se tenía que sanear. Todas las pieles se han cambiado porque estaban gastadas, estaban muy mal. Después, al sistema de viento le hemos añadido un motor, que está detrás. Ahora no hace falta bombear para dar aire. Pero se puede también, funcionan ambos caminos. El secreto no estaba tan mal, pero todas las cosas estaban desajustadas, torcidas. En el teclado faltaban muchas de las tapas y estaba muy desajustado. Las parrillas casi todas faltaban, las hemos hecho nuevas. Después nos hemos dedicado a la tubería. Los tubos estaban muy deformados, casi no se podía ver que eran tubos, aplastados, con golpes. Los pies eran una bola de plomo, 70% de la tubería faltaba, los hemos hecho nuevos con las pautas de lo que hemos encontrado en lo viejo. Después hemos empezado a montar poco a poco”.Prácticamente todo el trabajo se ha hecho en Oaxaca, menos la tubería que mandaron “las medidas de los tubos a Barcelona y ahí lo han hecho y nos han mandado los tubos nuevos. Hacer tubos aquí es casi imposible”.

Con el órgano restaurado comenzó la armonización para conseguir el temperamento original, la identidad del instrumento y los parámetros del sonido —ataque, fuerza, timbre…—. El encargado fue el armonizador canadiense André Lacroix, quien también forma parte del Taller Gerhard Grenzing. Ante la imposibilidad de saber cómo sonaba el órgano, Lacroix dice que “gracias a la tubería antigua, se podía ver lo que había sido tocado y lo que no fue tocado, no tuvo muchas manos. La tubería original nos indicó el camino que había que seguir”.

Y así, 150 años después de que Pedro Nibra entregara el órgano a la iglesia de San Matías, el sábado 16 de julio, pero de 2016, el IOHIO hizo lo mismo devolviendo al barrio de Jalatlaco este instrumento tras varios meses de restauración. Ese día de Nuestra Señora del Carmen hubo una misa de bendición del órgano. Sonó y acompañó al Coro de la Ciudad de Oaxaca, dirigido por Israel Rivera Cañas, al tenor Kevin Cruz Franco y a los organistas Joel Vásquez González, Margarita Santiago Ricárdez y Cecilia Winter.

Pero ahí no terminó la celebración. El domingo siguiente, José Juárez Molina tocó el órgano y Horacio Franco varias flautas, con un repertorio de música clásica de los siglos XVII y XVIII. Al día siguiente, la celebración siguió pero esta vez con un recorrido y homenaje musicales por las regiones de Oaxaca.

En este segundo concierto estuvo Cecilia Winter en el órgano y, repitiendo, Horacio Franco, quien mostró devoción y alegría por nuestra música, improvisando y disfrutando, lo que un público entusiasta agradeció con sus aplausos.

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