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Oaxaca, anfitrión de las ciencias

ESTUDIOS DE POBLACIONES MULTIETNICAS PREHISPANICAS

El ciclo de conferencias “Oaxaca, Anfitrión de las Ciencias” es un proyecto impulsado por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, coordinado por la Universidad La Salle Oaxaca y la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova. Su objetivo es divulgar los avances de la ciencia y generar interés por su estudio entre los jóvenes.

En esta ocasión la invitada fue la doctora Linda R. Manzanilla, antropóloga y arqueóloga del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM y miembro del Colegio Nacional, quien ha desarrollado una línea de investigación que privilegia la articulación interdisciplinaria para avanzar en el conocimiento sobre el estudio de la vida doméstica en los primeros desarrollos urbanos. La doctora Manzanilla brindó una entrevista al doctor Luis Shein, coordinador del ciclo.

¿Cuál es la diferencia en cómo se hace arqueología hoy al pasado, podrías darnos una panorámica de cuáles son los problemas candentes?

La limitante de la arqueología es que trabaja con trazas materiales de actividades. Aquellas actividades que no dejaron restos materiales no las percibimos a nivel arqueológico, y obviamente el hecho de trabajar en la interdisciplinar hace que, con respecto a los arqueólogos del siglo XIX, los de siglo XXI encabezamos grupos interdisciplinarios de trabajo para develar ese pasado a través de asociaciones de materias primas, objetos, desechos, muchos desechos. Trabajamos con basura sobre todo.

La arqueología es destrucción. Es decir que tenemos que ser muy cuidadosos en cómo excavamos y cómo registramos lo que quedó del pasado porque seremos como aquellos que leen un manuscrito único y van arrancando las páginas y las van quemando.

Entonces respecto de lo que ocurría principios del siglo XX, el arqueólogo del siglo XXI realmente utiliza toda la tecnología disponible, los laboratorios que trabajan isótopos, ADN, prácticamente una especie de abordaje forense al pasado y realmente tenemos mucha información para hablar de temas que los arqueólogos no abordábamos, pero los antropólogos sí: de dónde migran las personas, a qué se dedicaron, qué comieron, que actividades hicieron durante su vida, cuál era su vivienda, la organización del espacio doméstico, vivían en familias nucleares, familias extensas, linajes, apartamentos de gente que no tenía que ver una con otra, sistemas de casas. Problemas que eran fundamentalmente de la antropología ya se pueden abordar desde la arqueología gracias a esa perspectiva multidisciplinaria.

Se me ocurre preguntarte por qué dices que la arqueología destruye, tomando la analogía de lo que pasa en la medicina cuando surge una intervención. ¿Tú crees que en el futuro el camino va a ser tal que la arqueología sea menos invasiva?

Ésa es la tendencia de la arqueología. Cada vez menos a excavar y a tener mapeo, fotos aéreas, prospección geofísica como para tener esas radiografías previas a la excavación que nos digan qué está abajo, sin mucha intervención. Pero sin la cirugía que es la excavación, no vamos a poder fechar, no vamos poder saber funciones de los espacios y tampoco tener muestras sobre el medio ambiente. Finalmente, la arqueología sí depende de la excavación para tener eventos en un plano cronológico, para tener funciones de uso de los espacios que es la materia prima con la cual construimos una explicación antropológica, también la cuestión de los ecofactos, que son la fauna, la flora, los elementos del ambiente, los recursos. Entonces, yo te diría sí, la arqueología tiende a ser menos invasiva pero las preguntas importantes de la arqueología sólo se abordan con excavación.

¿En qué se distingue, si es que hay alguna distinción, la arqueología mexicana y la arqueología en general?

No creo que haya una distinción en particular. Durante las primeras décadas del silgo XX se dio mucho énfasis al trabajo en las estructuras monumentales: las pirámides famosas. Obviamente durante un tiempo la arqueología mexicana se relacionó, sobre todo, al carácter monumental del pasado mexicano, pero yo creo que hemos hecho trabajos fabulosos en el ámbito doméstico y sobre todo tenemos algo que en general en las universidades del mundo no existen —excepto en algunos lugares como Oxford por ejemplo— que es el tener en nuestras universidades o en el Instituto Nacional de Antropología e Historia los laboratorios donde biólogos, físicos, geólogos, geofísicos trabajan con los arqueólogos. Es decir, tenemos a los interlocutores en nuestros propios institutos. Cosa que en general no sucede por ejemplo con los arqueólogos en los Estados Unidos que tienen que mandar sus muestras a analizar en otros lados, pero ellos no tienen esa interlocución constante.

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