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LIGA INVERNAL

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Agustín Castillo

cinco

Los Diablos Rojos del México y los Guerreros de Oaxaca lo volvieron a hacer. Con su acostumbrado trabajo en equipo, capturaron la primera edición de la Liga Invernal Mexicana. Después de obtener el liderato absoluto en la campaña regular, la novena que para efectos prácticos se llamó Diablos Rojos, fue capaz de refrendar su poderío en una postemporada llena de emociones.

La semifinal, ante los Rieleros (Aguascalientes y Quintana Roo) se definió en 6 duelos muy intensos. Después de concretar el regreso a la Ciudad de México, los escarlata sabían que no podían retrasar un día más su boleto a la siguiente ronda, ante el equipo que presentó la mayor cantidad de jugadores con experiencia en un nivel mayor, y que durante buena parte del calendario fue el mejor, con el pitcheo número uno de la competencia.

Cuando más se requería, los cañones de Iván Terrazas, Samar Leyva y J.J. Martínez respaldaron la ofensiva roja. Un triple de Martínez, productor de dos carreras, fue el golpe que aseguró el viaje a la Serie Final.

Entre el desenlace de la primera ronda y el arranque de la última batalla, jugadores y cuerpo técnico aprovecharon para pulir la estrategia. Fueron dos entrenamientos sin cuartel, como si se tratara de un castigo, porque todos sabían el compromiso que estaban por enfrentar, unos Petroleros de Salamanca que cerraron como torbellino, apabullando a Moroleón en la primera ronda, y que fueron el único equipo que logró sacar una serie en el diamante de la capital.

Con el ingrediente de que jugadores de Salamanca (Sultanes y Vaqueros) buscaban su tercer título en ese nivel, la Serie Final fue un platillo beisbolero que se alargó a 7 encuentros. Fueron 9 días de expectación y nerviosismo, con dos equipos que durante la temporada quedaron a mano en sus duelos directos, en donde la rivalidad y la tensión los llevó a resolver sus diferencias con acciones ajenas al beisbol.

Los primeros dos juegos fueron para los Diablos, aprovechando los beneficios de su casa, el Fray Nano. Salamanca estaba muy lejos de renunciar a la corona, imponiendo condiciones en su patio, en los juegos 3 y 4. El quinto duelo se pintó de rojo con una voltereta espectacular de última hora, un home run con casa llena del capitán, Iván Terrazas, fue el gran detonante.

Quienes pensaron que el compromiso estaba finiquitado con el regreso escarlata a su infierno, no imaginaban el giro que tomaría la Final. Los Petroleros también fueron capaces de ganar como visitantes, y se tuvo que llegar al juego 7.

Octavio Acosta fue el lanzador con la responsabilidad de encarar el compromiso, y cumplió de manera brillante, apagando a Salamanca durante 7 capítulos. Para respaldar el trabajo de su lanzador, Ismael Martínez, Ray Torres, J.J. Martínez y Gerardo Romero fueron determinantes, sobre todo en el caso de Romero, quien sufrió una severa lesión en semanas anteriores, y regresó justo a tiempo para ponerse a la orden de su manager, José Luis Sandoval, y colaborar con tres imparables.

Fue la definición ideal para una temporada invernal muy especial, esperemos que la primera de muchas. El Fray Nano se llenó para enmarcar la coronación escarlata, un hecho que parecía un milagro, tomando en cuenta de que se trató de una Liga de desarrollo, con una buena cantidad de jugadores desconocidos para los aficionados. Ese es el gran mérito para esos jóvenes, los fanáticos fueron a disfrutar de su alegría para jugar a la pelota, más allá del nombre en el frente del uniforme.

Así culminó la historia de chamacos que se llamaron Diablos, pelearon como Guerreros y se quedaron con el primer campeonato de la Liga Invernal Mexicana.

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