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LAS TERTULIAS DE ADABI: UN ESPACIO PARA APRENDER COMPARTIENDO EXPERIENCIAS

Fabiola P. Monroy Valverde

Desde hace tiempo es conocido por muchos que hay diferentes formas de aprender, no sólo mediante la lectura o asistiendo a un salón de clases, sino que también se aprende charlando, y no sólo se aprende, sino que se amplía la visión personal de todo tipo de temas relacionados con el quehacer de ADABI.

Con esta idea como inspiración, surgieron Las Tertulias de ADABI, cuya primera sesión se realizó el 23 de julio pasado con el tema “Enamorados de México”, y en la que se contó con la presencia de Cecilia Haupt quien, a través de un álbum de fotografías familiar, recreó la historia de su bisabuelo prusiano, que abandonó su país natal para iniciar una nueva vida en México.

La segunda tertulia, denominada “Historia de los objetos cotidianos: de la colección a la historia. El refresco en México” fue presentada por Roberto Cerón Hernández, coleccionista de envases de refresco e iniciador de la historia documentada de la bebida gaseosa que iniciara su producción a finales del siglo XIX en México.

La doctora María Olvido Moreno Guzmán, restauradora y museógrafa del Instituto Nacional de Antropología e Historia, fue la invitada de la tercera tertulia de ADABI, encuentros que tienen lugar cada dos meses.

La actual investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México presentó en su charla un panorama muy completo del proceso de restauración del penacho de Moctezuma que se encuentra resguardado en el Museo del Mundo de Viena.

La doctora Moreno Guzmán deleitó a los presentes compartiendo su experiencia, así como los datos adquiridos a partir del análisis de la pieza sometida a restauración. A decir de ella, el penacho de Moctezuma es una pieza única, invaluable, y con un alto desarrollo tecnológico y de gran habilidad en su manufactura. Está compuesto por dos cuerpos, uno central y dos laterales (que forman uno solo), que en alguna restauración fueron considerados como un estandarte, quitándole la movilidad que poseía al momento de su confección. Con diferentes ilustraciones, la restauradora mostró cómo se forma la estructura del penacho, así como las redes y el tipo de nudos que se ocuparon para sostener a las plumas que conforman este tocado, que se movía, posiblemente con un sistema de varillas, que también servían de sujeción al objeto.

El penacho no sólo está confeccionado de plumas de por lo menos tres especies de aves, de igual manera posee diversos elementos metálicos que en su origen fueron de oro en su totalidad y que en una posterior restauración los faltantes fueron sustituidos por piezas de latón, colocación que incidió de manera negativa en la estuctura de aquellas plumas a las que fueron cosidos dichos elementos, por lo que en la nueva restauración se procedió a colocar hilo de seda entre los intersticios de la pluma para que no continuara el daño.

La doctora Moreno Guzmán hizo énfasis en el derroche de habilidad y tecnología con que el penacho fue confeccionado por los amantecas prehispánicos. Habilidades que fueron descubiertas gracias al uso de microscopios electrónicos especializados.

El trabajo de intervención procuró detener, en lo posible, la pérdida de los amarres en la red, en diferentes sitios, puesto que su intervención directa podría causar más daño que beneficio.

Durante la sesión de preguntas, el público le preguntó a la ponente qué representó para ella la intervención de esta pieza única en el mundo, a lo que respondió que fue todo un privilegio, una gran emoción y, sobre todo, una gran responsabilidad por todo aquello que el objeto es y representa.

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