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CAMPAÑA CONTRA EL RUIDO

Daniel Olivo Ramos

En una ciudad se generan tantos sonidos como personas pueden habitarla. Los sonidos, por lo general, pueden llegar a ser agradables, pero no siempre es así y en algunos casos pueden resultar molestos, estrepitosos o incómodos. Comúnmente llamamos a estos sonidos ruido, no obstante existe una diferencia entre la intensidad o volumen que alcanzan algunos sonidos y las características acústicas de lo que propiamente es un ruido. Una bocina de automóvil, la sirena de una ambulancia o la música de algunos establecimientos a todo volumen no son ruido, sin embargo, dada la intensidad del sonido son muy molestos para nosotros e, incluso, perjudiciales para la salud. El término quizá se asocie más debido a que el ruido es considerado un contaminante, concretamente, un sonido molesto que puede producir efectos nocivos fisiológicos y psicológicos para el ser humano.

Habría que añadir que la escala no es lineal, sino logarítmica, tiene un aumento considerable entre uno y otro escalón. Algunos efectos de la exposición al sonido a más de 60 dB son la dilatación de pupilas y parpadeo acelerado; agitación respiratoria, aceleración del pulso y taquicardias; aumento de la presión arterial y dolor de cabeza. Si la exposición es a más de 85 dB se pueden experimentar gastritis o colitis, aumento de la glucosa en sangre o problemas cardiovasculares. Los ruidos fuertes y súbitos pueden causar incluso un infarto.9

Ante esta situación, todos los países se han preocupado por la contaminación acústica y han promulgado leyes que regulan el ruido en sus principales ciudades. Cabe destacar a España, Bolivia, Chile, Ecuador y Venezuela como los países donde han avanzado un poco más en cuanto a regulación del ruido se refiere. También, existen iniciativas de distintas asociaciones en el ámbito mundial que conmemoran anualmente, desde hace 20 años, el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, el último miércoles del mes de abril. Esta efeméride tiene el propósito de promover el cuidado del medio ambiente acústico, la conservación de la audición y la concienciación sobre las molestias y daños que generan los ruidos.

México no es la excepción, ya que también cuenta con reglas y normas que regulan la contaminación que genera el ruido y estas reglas aplican para toda la república mexicana. Una de ellas, el Reglamento para la Protección del Ambiente contra la Contaminación Originada por la Emisión del Ruido, estipula que el nivel máximo de ruido no debe rebasar los 68 dB durante el día, y los 65 dB durante la noche.

En Oaxaca existen diferentes leyes que abordan el problema de manera indirecta, pero es en la Ley de Protección Contra el Ruido en el Estado de Oaxaca donde se describe el reglamento para no contaminar el ambiente acústico. El desconocimiento de esta ley ha provocado que la infrinjamos, sin siquiera saberlo, tal es el caso del artículo 4o, donde se prohíbe el uso de cláxones, bocinas o sirenas en toda clase de vehículos, exceptuando ambulancias, bomberos y policías. Las sanciones van desde multas hasta penas de arresto para los infractores.

Es por eso que la Fonoteca Juan León Mariscal, en colaboración con instituciones dedicadas a la cultura del sonido en la ciudad de Oaxaca, dedicará este año a la prevención y cuidado de la contaminación acústica de nuestro entorno con diferentes actividades que ayudarán a forjar una conciencia del sonido y, a través de su regulación, evitar convertirlos en ruido para poder preservar los espacios que habitamos en común.

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