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CRÓNICA DE UNA COMPARSA DE MUERTOS

Víctor Blanco

 Paradójico el funcionamiento de la mente en el que la muerte nos regresa a la vida. Para eso fuimos convocados nuevamente por el Programa Seguimos Leyendo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y el Sistema DIF Oaxaca, con el fin de que, a través de una celebración de muertos, matizada por la literatura, encontremos, recuperemos o resignifiquemos aspectos desconocidos, negados o rechazados de nuestra existencia.

4Semanas antes del 27 de octubre, con gran entusiasmo preparamos, lectores y coordinadores del programa, las escenificaciones, canciones y la caracterización de los personajes con los que participaríamos. Desde antes de las cuatro de la tarde de ese día, ya estábamos reunidas aproximadamente doscientas ánimas en el Centro Cultural San Pablo para realizar la Comparsa de Muertos. Un gusto especial invadió mi corazón al encontrar tanta algarabía, tanto de mis compañeros lectores como del público y familiares invitados. Recordé rápido, como en déjà vu, el incidente de tráfico de la mañana por el que podría no haber asistido a esta celebración. Olvídalo, me dije, vive el momento. Al poco tiempo de haber llegado, estoy imbuido en un ambiente de apacible alegría, de avance sin tiempo, sin prisa ni más interés que estar aquí. No puedo evitar sentirme uno con la gente y los lugares. Me siento tan bien con estas ánimas que me parecen extraños quienes no están disfrazados.

Antes de comenzar nuestras actividades, fuerzas extrañas tiraron carteles y hasta hicieron temblar la Tierra para que la alarma sísmica anunciara su presencia. Sin embargo, dimos inicio con la escenificación de Macario, de Bruno Traven, así como la leyenda popular ecuatoriana María Angulo, a cargo de los coordinadores Irais Trujillo y Arturo Tobón, quienes dejaron cabal testimonio de sus antecesores que vivieron de la actuación, al igual que los demás lectoactores.

5Posteriormente, acompañados por los alegres sones de la banda de Santa Cruz Xoxocotlán, salió la comparsa de San Pablo por la calle de Hidalgo hacia el Zócalo. En la puerta me encontré a un niño pequeño pidiéndome que le acompañara en el recorrido, ya que no encontraba a María, su madre, y desconocía la ruta que haríamos. Vestido de ánima de fraile, tomó mi mano y, sin pensarlo mucho, lo llevé conmigo de buen agrado. Entre tantas ánimas, mucha gente me observaba con particular atención, pero por alguna razón no podían sostenerme la mirada y comentaban lo bien caracterizado que tenía al personaje. Intenté ver mi reflejo en algún espejo o cristal, pero no lo logré.

Del Portal de las Flores hacia Independencia por poco se disuelve la comparsa: un fuerte y alegre viento abrió miles de páginas de libros, surgiendo de ellos kilométricas lianas formadas de letras y palabras, que fueron a enrollarse seductoras en los cuerpos de los lectores, quienes contentos se dejaron acariciar. Era el riesgo de pasar frente a la FILO 2015. La banda hizo sonar más fuerte sus sones para romper momentáneamente el hechizo y poder avanzar.

En el trayecto por las calles de Independencia, 5 de Mayo y Morelos sentí los pies ligeros y el espíritu alegre. El baile, las risas, los juegos y la música diluyeron todo lo que no estaba en el aquí y el ahora. No pensé que la muerte y la vida pudieran bailar con la alegría y seducción mutuas con que lo hicieron. Era tan agradable estar ahí, me sentí tan vivo que de pronto tuve ganas de hacer ese viaje tan deseado, tomar vacaciones en familia, esa licencia laboral indispensable para dedicarme a cumplir el proyecto tan deseado, visitar a todos mis amigos. Pensé: “Qué curioso que sea precisamente hoy cuando quiero hacer todo lo que he postergado tanto en mi vida”.

Entramos a la Plaza de la Danza por la calle de Morelos, para representar ahí la Comparsa eteca, a cargo de Miguel Sifuentes. El cielo se sintió tan emocionado de nuestra alegría que nos regaló sus lágrimas. Algunos corrieron para no mojarse, la mayoría nos quedamos a ver la interpretación del Altar de todos los santos, El huapango, La calaca, Don Calaco enamorado, Francisca y la muerte y al final interpretamos con tal sentimiento La Martiniana que hasta arrancó un gesto de aprobación del ánima de Don Andrés Henestrosa.

La última actividad fue el concurso de disfraces en cuatro categorías: niños, niñas, hombres y mujeres, participando cada una en maquillaje y vestuario. Mientras concursaba, todos mis familiares y amigos se reunieron alrededor mío para observarme y, reconociendo el papel que estaba desempeñando, me regalaron ramos de flores diciendo: “te amo”. Pude percibir su corazón dentro del mío, aunque no entendí del todo el detalle, que es más propio de un Viernes de Cuaresma en El Llano para las mujeres que desfilan. A los veinticuatro concursantes que ganamos nos dieron un diploma y un vale para comprar libros, que seguramente no nos alcanzará, pero que aceptamos con gusto. Valieron la pena el disfraz, el maquillaje y la caracterización que me halagaron durante toda la comparsa.

Al final del evento veo apurado al Diablo hacer lo que le han encargado en esta comparsa, regresar a todas las ánimas para que no se quede ninguna de ellas en la Tierra. Mientras buscaba a la madre del niño que me acompañaba para entregárselo, el Diablo se plantó frente a mí, con risa sardónica, ojos rojos y brillantes. Me insistió que fuera con él, me reí y me negué, forcejeamos un momento hasta que dejó de ser divertido. Le increpé y le pedí que se fuera, que ya no quería jugar. Se carcajeó diciendo: “Se nota a leguas que no te has dado cuenta que ni tú ni yo traemos disfraz ni maquillaje”. Él niño se interpuso entre los dos. A una señal de su mano, el Diablo se alejó rápido y, atemorizado, extendió la otra mano hacia mí y dijo: “Vámonos, este camino te lo puedo enseñar yo”.

Una neblina blanca y una cálida luz cubre todo, pensé, “¿qué encontraré del otro lado que valga la pena?”. Mientras comenzaba a elevarme, escuché murmullos de miles de voces dentro de las que alcancé a distinguir las magistrales frases de mis autores preferidos: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevaría a conocer el hielo…”. “Voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos…”. “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…”. Ahora me queda claro que tendré un lugar especial en el cual podré seguir leyendo en voz alta. Me dejo conducir por esta mano cálida y experimento una amorosa esperanza de lo que encontraré en la otra orilla.

Gracias, Seguimos Leyendo.

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