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#YONOREGATEO

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Hector Manuel Meneses Lozano

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¿Cuánto es lo menos?” es una frase que se escucha cotidianamente en un sinnúmero de transacciones económicas. Sin embargo, quizás sea tiempo de replantear la pertinencia de esa pregunta tan rutinaria, la cual implica que el regateo —según algunas personas— es una cuestión cultural. Es cierto que un estira y afloja es parte de una negociación, pero en lo que no estamos de acuerdo es cuando la negociación no se da de forma equilibrada entre quien compra un producto y quien lo ofrece.

Los productos artesanales son algunos de los más susceptibles a esta injusticia. La cotidianidad del regateo se apodera de muchas personas que, sin detenerse a evaluar todo el contexto que rodea a un bien artesanal, se remiten automáticamente a pedir un descuento. Esta actitud puede resultar molesta (por decir lo menos) y humillante (por decir lo más), pues se cree, por ejemplo, que porque un textil está hecho a mano, según una tradición local y al interior de un taller familiar, el costo debe ser más barato que algo hecho “con tecnología”. Recordatorio: el telar de cintura es tecnología sofisticada y el teñido con tintes naturales demanda conocimientos de química; tanto el tejido como el teñido requieren de maestría y talento. Si algo debe costar más barato debería ser la producción en serie, sistema que produce tantas cosas que están a nuestra disposición, que se nos ofrecen a precios elevados y para las que, sin embargo, nunca cuestionamos su valor real: ¿quién hizo la playera que encontramos en un supermercado?, ¿en qué condiciones laborales trabaja (y vive) esa persona?, ¿cuánto tiempo pasa esa persona con su familia?, ¿qué sueldo tiene? Lo que estamos pagando por esa playera, ¿será suficiente para que una persona viva dignamente?

El Museo Textil de Oaxaca, por medio de distintas iniciativas, ha tratado de acercar al público general con quienes crean los tejidos que nos arropan. Con el programa de expo-ventas tenemos la oportunidad de hacer algunas de estas interrogantes directamente a quienes tejen, hilan, bordan y tiñen.

Las maestras y maestros del telar y de la aguja, por su parte, tienen la posibilidad de hablar frente a frente con la gente, sin intermediarios, sin disfraces, en una relación abierta y propicia para el comercio justo. Al intercambiar experiencias con sus colegas, se dan cuenta de aciertos, de retos y de abusos que se viven y comparten con frecuencia en el mundo artesanal. En el MTO estamos convencidos de que estos espacios de encuentro son pequeñas parcelas donde se cultivan la sensibilidad, el respeto, la ética y la responsabilidad con el prójimo.

Hacemos una invitación a reflexionar unos minutos más la próxima vez que adquiramos un producto artesanal. ¿Quién lo hizo? ¿Cuánto tiempo le tomó hacerlo? ¿Nos gustaría que nos regatearan nuestro trabajo? Valoremos, pues, el corazón, la dedicación, el talento y la creatividad de la labor artesanal.

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