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LEER ENTRE LAS MONTAÑAS: PRIMERA FERIA COMUNITARIA DE LA LECTURA Y LA PALABRA

LEER ENTRE LAS MONTAÑAS: PRIMERA FERIA COMUNITARIA DE LA LECTURA Y LA PALABRA
María del Socorro Bennetts Fernández

Cuando los lectores del programa Seguimos Leyendo (FAHHO-DIF OAXACA) en alguna reunión comentaron su deseo e inquietud de seguirle la huella a la Biblioteca Móvil de la Sierra Norte del estado de Oaxaca, lo vimos como algo lejano y futuro, pero posible a todas luces.

En una reunión de trabajo con el equipo de coordinadores de Seguimos Leyendo quedó claro, teníamos fecha y lugar, como una carta con destinatario. Las preguntas vinieron a nuestras mentes: cuántos exploradores se sumarían a la aventura, cómo nos recibirían, cómo diseñar las acciones para atender a los escuchas sin tener claras sus preferencias y edades, y todo en un espacio abierto y público, como son las canchas de la Presidencia Municipal de Ixtlán de Juárez.

La logística olía a frescos y atrayentes ingredientes, reuniones de discusión para emprender este pilotaje fueron y vinieron. El cálculo nos decía que unos veinte lectores se unirían a la excursión literaria. Se acercaba la fecha para cerrar la lista y contratar los servicios de transportación. ¡Grande fue la sorpresa: éramos 75 personas las que aspirábamos cruzar las montañas y regalar un sábado completo de siete de la mañana a ocho de la noche!

Puntuales salimos de El Llano. La camaradería, alegría y excitación flotaban en el ambiente. La primera parada fue en El Punto, para tomar un café y compartir el refrigerio que algunos llevaban para otros. Fue una fiesta de sabores, olores y tequio.

De ahí seguimos el viaje y llegamos a Ixtlán, nuestro destino. Con la sorpresa de que era muy temprano para ellos, pues no cambian el horario de verano. Nos organizamos por equipos. Las canchas y el parquecito estaban en nuestras miradas, buscando la mejor estrategia para ubicarnos con nuestros libros y colchonetas.

Los grupos de lectores se fueron armando con sus mejores historias, la Biblioteca Móvil al fondo era el paisaje que nos abrigaba. En petates encontrábamos libros maravillosos. El jolgorio empezó: llegaron niños de preescolar y de primaria, las lecturas impregnaban el aire serrano. Se impartió un taller de estimulación oportuna a 12 infantes con sus madres. Nuestro lector más joven se llama Brihan Ramírez Santiago, tiene 13 años y lleva 4 años inscrito en el programa de lectura voluntaria.

Celebramos con alegría la sinergia con el ayuntamiento de Ixtlán de Juárez, su presidente, Manuel Pacheco Rodríguez, y su regidor de Educación, David Ramírez Pérez, en todo momento nos dieron las facilidades logísticas. Su poder de convocatoria quedó de manifiesto. Atendimos a más de 800 personas, desde recién nacidos hasta adultos mayores. Nos ofrecieron la comida, un exquisito estofado en un espacio con arquitectura vernácula.

Sin planearlo, al término de la comida un nutrido grupo de lectores subió al mirador del pueblo. La vista es espectacular. Ahí encontramos una escultura de Jupa y Cuachirindo, defensores de la invasión azteca. Laa yetzi (‘hoja gruesa’, ‘penca de maguey’) era el nombre en zapoteco de lo que hoy conocemos como Ixtlán, que en náhuatl significa ‘lugar del ixtle’.

Por la tarde siguieron los talleres de lectura en voz alta, nos visitaron estudiantes de la secundaria técnica, del CECYTEO y del CAM (Centro de Atención Múltiple). Para cerrar con honores desfilaron nuestros novatos cuentacuentos, que lo hicieron fantástico. Nos despedimos con porras, haciendo olas en las gradas y felices, no por el deber cumplido, sino por el gusto obtenido.

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