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LA CASA DE LA CACICA DE TEPOSCOLULA, TESTIMONIO DEL MUNDO MIXTECO DEL SIGLO XVI

LA CASA DE LA CACICA DE TEPOSCOLULA, TESTIMONIO DEL MUNDO MIXTECO DEL SIGLO XVI

Sebastián van Doesburg (FAHHO/UNAM)

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El día 2 de julio de 1566, don Pedro Osorio, el señor mixteco de Teposcolula, falleció. Aparte del dolor que causó su muerte, grande fue la preocupación en la comunidad, ya que no dejó a nadie que pudiera tomar su lugar. En vida, él y su esposa María de Zárate habían visto morir a sus propios hijos: primero a don Felipe Osorio en 1563 y luego a doña Inés. Inmediatamente, la casa gobernante de Tilantongo, la más prestigiosa de toda la Mixteca, hizo efectivo su antiguo derecho de intervenir en la sucesión en tales casos: don Felipe de Austria, señor de Tilantongo y viudo de la mencionada doña Inés, fue declarado también señor de Teposcolula. Durante los trámites burocráticos que siguieron, se describió el palacio de don Felipe en los siguientes términos: “en este dicho pueblo de Tipozcolula, frontero del monesterio de él, están hechas unas casas grandes de cal y canto, las cuales se hicieron e fundaron para don Felipe Osorio, hijo de don Pedro Osorio, cacique de este dicho pueblo, en las cuales murió el dicho don Felipe; y después que recibieron por cacique al dicho don Felipe de Austria, que ahora es vivo, ha vivido e vive en las dichas casas e las posee como cosa anexa al cacicazgo”. Vista la descripción de la ubicación como ‘frontero del monasterio’ no hay duda que se trata aquí del edificio conocido hoy como la Casa de la Cacica, en realidad un palacio en que se fusionaron de manera admirable los diseños y técnicas mixtecos con elementos arquitectónicos españoles.

La construcción de este palacio mixteco fue parte del proyecto de reubicación del centro administrativo- ceremonial de Teposcolula de su sitio prehispánico, en la cima del cerro Yucundaa, a la vega al pie del mismo cerro. El traslado, acordado por los frailes dominicos y don Pedro Osorio, se dio a partir de 1552, como se deduce de la licencia del virrey Luis de Velasco. Por lo tanto, podemos fechar la construcción de la Casa de la Cacica en la década de 1550.

Don Felipe de Austria no disfrutó la posesión de las casas por mucho tiempo. Mientras estaba en el señorío de Teozacualco, que también le pertenecía, el día 8 de noviembre de 1569, Juan Sarmiento, juez de comisión en Teposcolula, asistido por Francisco de Montalegre, juez de residencia y justicia mayor en la provincia de Teposcolula, se dirigió al palacio en Teposcolula para entregarlo, por la fuerza, a doña Catalina de Peralta, a pesar de que “los naturales deste dicho pueblo quieren o pretenden perturbar la dicha posesión e causar alboroto y escándalo”. Doña Catalina era sobrina (una hija de la hermana menor) de don Pedro, por lo que pensaba tener derecho a las casas y al señorío de Teposcolula. La decisión inesperada de la Audiencia Real de reconocer el reclamo de doña Catalina parece corresponder a un intento de debilitar y socavar el poder de don Felipe de Austria, heredero del linaje más prestigiado en la Mixteca Alta y un obstáculo al dominio español.

La Casa de la Cacica es un edificio singular por muchas razones; la cualidad estética, la calidad de sus materiales (en su época debió ser una construcción muy cara) y las claras referencias a la arquitectura prehispánica en su planta y decoración hablan del poderío político y económico del señor mixteco que la mandó construir. Es además un extraordinario ejemplo de la fusión de estilos artísticos —mixteco posclásico y español renacentista— que se dio a mediados del siglo XVI en la Mixteca Alta, y que podemos también apreciar en el Códice de Yanhuitlán. Pero más importante, es donde tuvieron lugar los dramáticos momentos en que el poder español derrotó al sistema político mixteco. Por una singular coincidencia, los documentos que dieron legalidad a este proceso están conservados en varios archivos e incluyen no sólo una detallada descripción del edificio tal como era en el año 1569, sino que también comprenden listados de las innumerables joyas de oro y textiles decorados que se guardaban al interior y de las muchas tierras pertenecientes a la casa que estaban regadas por todo el señorío. Más aún, contienen las declaraciones y explicaciones de don Felipe de Austria sobre el gobierno en la Mixteca. Tener una documentación tan rica acerca de un edificio tan singular en un momento tan significativo como lo es el siglo XVI en la Mixteca Alta es una coincidencia excepcional. Nos permite reconstruir algo de la vida en su interior: la vida dramática y desconcertante de aquellos gobernantes mixtecos que se encontraron frente a los desafíos de un mundo en rápida transformación. De esta manera, la Casa de la Cacica deja de ser una simple curiosidad arquitectónica y se convierte en un testimonio de lo que fue la sofisticada cultura mixteca y de la manera en que ésta se enfrentó y asimiló la gran confrontación de mundos que fue la colonización de Mesoamérica.

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