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CUBA Y SU VIVERO DE ESPERANZAS

CUBA Y SU VIVERO DE ESPERANZAS
María Isabel Grañén Porrúa

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Nos recibieron en Cuba con un emotivo abrazo de “bienvenidos hermanos”. Eusebio Leal Spengler, director de la Oficina del Historiador de La Habana, nos llevó a la Quinta los Molinos, pulmón ubicado en un lugar céntrico de La Habana. Traspasar sus rejas fue ingresar a un paraíso de hermosas plantas, sembradas cuando aquello fue un Jardín Botánico y trescientos años antes se encontraban los molinos de tabaco. Ahora es un animado jardín, con ejemplares de flora extraordinarios, donde los niños y jóvenes reflexionan y experimentan sobre el cuidado de la naturaleza.

Como señal de bienvenida, un grupo de trabajadores soltaron unas palomas, esas aves que transmiten una mezcla conmovedora de nostalgia, afán de libertad y añoranza de mundos lejanos. Nos dirigimos al vivero de alta tecnología sueca y al banco de germoplasma, recién donados por la Fundación Alfredo Harp Helú. La bandera de México lucía en todo su esplendor. Una inmensa alegría invadía los corazones de los asistentes, una fraternal ayuda entre amigos hacía que dos países se estrecharan las manos.

El antiguo vivero cubano se transformó gracias al apoyo mexicano: se construyó una plancha de cemento sobre la que colocaron soportes metálicos en los que se asientan charolas de sistemas radiculares que promueven el desarrollo de raíces inferiores y laterales que garantizan el crecimiento sano de las plantas. Se instalaron sistemas de riego automatizados y una malla que ofrece sombra, protección y un microclima idóneo para el desarrollo de las plantas.

Eusebio Leal improvisó unas palabras: “Este vivero ha sido posible gracias a la intensa preocupación cultural, humana y social de Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa, unidos en la vida por el amor que han prodigado en una labor filantrópica importantísima en su país y ahora lo trasciende. Esta labor los llevó a auspiciar escuelas, universidades y centros deportivos. A ella, en particular, a consagrar su esfuerzo al rescate de archivos, bibliotecas, tesoros de libros, a prodigar la cultura. Esto ha significado para Oaxaca algo muy importante.

El mundo, más complejo que nunca, necesitaría incontables Alfredos y María Isabeles. Él hunde sus raíces en el Líbano, una tierra preciosa que recibió en Cuba el aporte de incontables familias, un pueblo que ha luchado por su dignidad, por su independencia, que es poseedor de grandes maravillas de la cultura antigua, pero lo más importante es su gente que ha sufrido guerras despiadadas, intervenciones, la destrucción de su patrimonio, pero que siempre resurge como los árboles de este vivero. Es muy bonito que casualmente la semilla que poseemos sean los cedros, porque el cedro está en la bandera del Líbano y porque éstos se mencionan en las Sagradas Escrituras cuando el rey Salomón, “El Magnífico”, ordena traer y cortar los cedros olorosos del Líbano para construir el gran templo.

Por eso hoy, Alfredo, quiero agradecer tu generosidad, tu bondad, y el apoyo moral que te brinda María Isabel. Quiero agradecer también a los obreros mexicanos que vinieron y estuvieron con nosotros. Ellos confraternizaron aquí con los trabajadores, se convirtieron en parte de nuestra familia.

Los mexicanos son para nosotros como nuestros hermanos mayores. México lo ha sido así para Cuba a lo largo de los siglos. Martí vivió una parte importantísima de su vida allí. Casó en México. Vivió allí en momentos de apogeo intelectual republicano y toda la historia de nuestro país ha girado en torno a México. La única nación del continente americano, de nuestra América, que no rompió relaciones con Cuba en el momento del aislamiento total. Cuando todos votaron que sí, siguiendo la comparsa que se les imponía, el embajador de México colocó sus manos sobre la mesa e hizo valer aquel instrumento jurídico de México que era la Doctrina Estrada, que respetaba el principio juarista que tanto entre las personas como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz. Muchas gracias Alfredo, muchas gracias”.

Alfredo Harp, emocionado y con sus discursos breves, también improvisó:

“Lo que nosotros proveemos es un mundo más humano, promovemos la educación, la cultura, el deporte, la salud y el cuidado del medio ambiente. Y en este último rubro, estamos preocupados, porque nos estamos acabando nuestros recursos naturales. Tenemos que trabajar todos juntos.

A veces me preguntan, ‘¿para qué quieres reforestar árboles que no verás dentro de 30 o 40 años?’. No importa, lo que interesa es que alguien se preocupe por sembrarlos, es suficiente saber que alguien los verá y disfrutará.

El calentamiento global es una realidad. El mundo es uno solo. Con mucho gusto quisimos hacer este primer vivero que reverdecerá aún más a Cuba y celebro que este país esté lleno de tantas esperanzas. Ésta es una aportación más entre hermanos, para ustedes los cubanos

¡A ver qué más hacemos! ”.

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