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CULTURA Y BUEN VIVIR

patio 11
CULTURA Y BUEN VIVIR
Ruth García-Lago Velarde

Este año, en noviembre, La Casona de Tita cumple diez años. Desde su apertura, su directora, Amelia Lara Tamburrino, tuvo muy claro el concepto de hotel que quería: una casa mexicana que recibiera a viajeros —que no turistas, que sólo quieren tomar fotos y ponerle palomitas a todo lo que visitan, sin apenas apreciarlo-, “como los viajeros del XIX, que se tomaban su tiempo, hacían largas travesías, exploraban, leían antes de llegar a un espacio, o, ya que estaba en un espacio, la conocía de una manera cómoda”.

Por su labor, Amelia Lara viajaba continuamente y se alojaba en pequeños hoteles que eran atendidos por sus dueños. “Me fascinaba. De ahí me nació la querencia, algún día quiero tener un hotel, así chiquito”, pensaba quien también coordina el Centro Cultural Santo Domingo. Así, empezó a buscar un espacio que reuniera todas las cualidades que ella quería. Y la encontró, en la calle García Vigil, muy cerca de Santo Domingo. Una casa mexicana del siglo XIX, con patio y seis habitaciones. Tras un año de remodelación, a cargo del arquitecto Daniel López Salgado, La Casona de Tita abrió sus puertas. El concepto de Amelia era que el hotel contara “con habitaciones distintas, con muebles antiguos, contemporáneos y muchos, muchos, acentos de Oaxaca, de artesanía refinada. Con la intención de mostrar el México rico que somos”. Desde entonces, no ha dejado de recibir a los viajeros.

Como todo negocio, tiene sus vicisitudes, pero también sus recompensas. Primero, hace tres años, le otorgaron el distintivo Tesoros de México, que el Gobierno Federal brinda a las propiedades exclusivas con los más altos estándares de calidad y servicio. Después, en TripAdvisor —sistema en el que los viajeros opinan en internet sobre los lugares donde se hospedan—, de estar en el catorceavo lugar de hoteles en Oaxaca, gracias a los comentarios, La Casona de Tita está ahora en el número uno de las recomendaciones y de los 25 establecimientos mexicanos, está en el decimoctavo. “Algo pasa que les gusta mucho a los huéspedes”, co- menta Amelia.

Y así, como la tía o la abuela que reciben a la familia, a La Casona de Tita siguen llegando los viajeros que quieren disfrutar de la ciudad tranquila- mente, sin prisas. Donde pueden recibir la mañana —si no se es huésped también con un desayuno acompañado de mermeladas caseras hechas con frutas de temporada, mantequilla que sí es mantequilla, y la seguridad de que hay pocas maneras mejores de empezar el día para conocer esta ciudad. Y seguro, como su directora, “llena el espíritu”.

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