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EL RESCATE DE LOS EDIFICIOS DEL FERROCARRIL MEXICANO DEL SUR (1892)

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EL RESCATE DE LOS EDIFICIOS DEL FERROCARRIL MEXICANO DEL SUR (1892)
Sebastián van Doesburg
(FAHHO/UNAM)

Cuando, después de mucha anticipación, finalmente llegó el primer tren a Oaxaca, el día 12 de noviembre de 1892, el gobernador del estado, el general Gregorio Chávez, con los sentimientos colmados en el pecho, sólo logró exclamar: “¡Gloria in exelsis Deo!”. No había duda en la mente de los oaxaqueños de que ese tren iba a traer prosperidad para la ciudad y para el estado. De hecho, la llegada del ferrocarril fue un momento importante en el proyecto de la modernización porfiriana, ya que permitió la exportación de metales y productos agrícolas comerciales y la importación de maquinaria. Hacia finales del Porfiriato, había casi 500 km de vías en el estado. Su desmantelamiento a partir de la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México en 1995 y la terminación del servicio en 2004 es nada menos que un drama socioeconómico y una muestra de la visión a corto plazo que prevalece en el tema del transporte.

Poco antes de la llegada del primer tren se había terminado la estación principal de la ciudad, un edificio construido por la empresa inglesa Read & Campbell en el barrio de Santa María del Marquesado. Un gran ahuehuete al lado de las vías nos recuerda que éste era en origen el lecho del Atoyac, ahora aderezado y canalizado a buena distancia de la estación. De acuerdo con el tamaño de la ciudad en aquel tiempo, el edificio era de reducidas proporciones, con una muy modesta influencia de la arquitectura victoriana, notable, entre otros elementos, en el torreón en la esquina noreste y la proyección de una especie de pórtico al frente. Sus muros fueron levantados con sillares de cantera verde almohadillados, entremezclados con cantera rosada para marcos y cornisas, de acuerdo con el gusto de la época. Un gran techo cubierto con tejas de tipo ‘escama’ permitió la ventilación arriba de los muros al interior y, mediante un volado al exterior, dio sombra sobre el andén. El complejo tenía una bodega al norte del edificio principal, cubierto con un techo similar.

Desde mediados del siglo XX, con el cambio de la vía angosta a la vía ancha, se intervinieron, en varias ocasiones, las edificaciones; muchas veces sin una preocupación por el valor arquitectónico que éstas representaban. Se demolió el torreón; el techo de tejas, cuya viguería estaba muy deteriorada, fue cambiado por uno de bóvedas catalanas soportadas por rieles. El resultado fue un edificio bajo y plano, sin relieves horizontales. Se aprovechó el momento para modificar los muros interiores de la estación y subir los niveles de piso. Además se abrieron nuevos vanos y cerraron otros. La cubierta de la bodega fue restituida por otra reciclada, hecha a base de tensores metálicos. Se extendió la bodega hacia el norte y se cambiaron sus puertas abatibles por puertas corredizas. En el transcurso de los años se añadieron varias construcciones poco estéticas alrededor de la estación.

A llegar el siglo XXI, la armonía original del complejo se había perdido y sólo con dificultad podía apreciarse la elegancia del proyecto arquitectónico original. Además, el descuido y las intervenciones poco adecuadas habían causado daños estructurales en los muros y arcos del edificio. En suma, amenazaba la ruina. En 2013, el municipio de Oaxaca, nuevo propietario de los edificios, inició el rescate de este emblemático lugar con fondos del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y con el proyecto donado por el Taller de Restauración de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca. La propuesta consiste en recuperar las características principales de los edificios, respetando algunas adecuaciones útiles y rescatables del siglo XX, como la disposición de los muros al interior de la estación y el techo de tensores sobre la bodega. La contratación de la empresa restauradora-constructora está a cargo del municipio, pero el Taller asegura el cumplimiento de los criterios y la supervisión de la calidad. Una vez terminada, se respetará el destino cultural de los edificios establecido ya desde 2003. El proyecto es un ejemplo de lo que se puede lograr mediante la suma de esfuerzos entre la administración municipal y la iniciativa privada.

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